Tomy acababa de regresar de la playa
- ¿Habían más niños bañándose? Le preguntó su madre.
- Si, respondió Tommy.
- ¿Niños o niñas?
- ¿Cómo quieres que lo sepa? No llevaban ropa.
Anthony de Mello, (“La Oración de la Rana II”)
Hablar de sexo despierta el interés en muchas personas. Si ya encontró esta palabra de cuatro letras, es muy probable que esté leyendo este artículo. Lamento decepcionar a algunos, lo que explicaré -o trataré de explicar- en el presente texto es la diferencia entre sexo y género y claro, una aproximación a la definición: Identidad de género.
Cuando el espermatozoide fecunda al óvulo y se forma el nuevo ser, ya tiene su sexo definido, es decir, con el paso de los meses mamá y papá empezarán a comprar “todo” de azul o rosado, dependiendo el caso. Entonces, podríamos definir sexo como aquellas características fisiológicas (biológicas, orgánicas) que representan a un hombre o a una mujer. En resumen: si tienes un pene, entonces eres hombre y si tienes una vagina, entonces eres mujer. Ello ha sido determinado por el sexo.
Ahora bien, si el hecho de “nacer” hombre o mujer determina tu sexo, ¿qué determina tu género? La respuesta: los espereotipos, usos y costumbres de la cultura en la que naciste. Si una persona, sin importar su sexo, se “acopla” a determinados patrones de comportamiento, puede ser catalogado dentro del género masculino o femenino.
Si ya sabemos que significa género, ¿qué entendemos por identidad de género? Si bien el sexo no lo determinamos nosotros (sino nuestro respectivo padre… si, sólo él puede darnos un cromosoma “X” o uno “y”, puesto que nuestra madre sólo puede brindar el cromosoma “X”, siempre), nacemos con él. El género, por ser de competencia social, puede variar dependiendo de la experiencia, inclinaciones y demás aspectos en la vida de una persona. Por ello tenemos a los homosexuales, personas que decidieron adoptar el patrón de conducta determinado para el sexo opuesto al que poseen según su respectiva cultura. Es así que, podemos definir identidad de género como la “opción” que “tomamos” para representar ya sea un rol masculino o femenino.
Lo que he escrito es muy básico, no podemos desligar completamente el sexo del género, si ello fuera posible, entonces las hormonas no tendrían razón de ser. Tampoco podemos afirmar que si una persona adopta más comportamientos del sexo opuesto es homosexual… seríamos prejuiciosos si diríamos eso –sin informarnos más- sólo recuerden a Sandra Bullock en Miss Simpatía I, ella creía no ser femenina y terminó ocupando el tercer puesto del certamen de belleza en los Estados Unidos y claro, ser condecorada como “Miss Simpatía” también.
Lo ideal sería que cada uno elija su género: cómo le gustaría comportarse, que tipo y color de ropa usar, cómo sentarse en la mesa, ¿usar maquillaje o jugar fútbol?, en fin… tantas cosas… tantas cosas que determinan si “realmente” eres hombre o mujer. Afortunadamente, los prejuicios se van rompiendo poco a poco y cada vez son más las personas que no siguen los estereotipos “antiguos” sobre un comportamiento netamente masculino o femenino. Ahora vemos hombres usando ropa rosada y mujeres jugando fútbol, hombres dedicados al hogar mientras sus esposas se debaten entre gerentes y documentos.
El mundo está cambiando en muchas formas y sentidos… talvez cambie tanto que no nos guste, pero se que siempre existirán personas que cultiven valores, respeten sus principios y permitan una convivencia armoniosa y, en ese momento, créanme que no nos importará de qué género son… porque lo más importante ya lo sabremos.
Y para aquellos que aún guardan las apariencias, descuiden, aún no se le ha ocurrido al gobierno otra forma de “sacar plata”: DNIS (Documento Nacional de Identidad Sexual). Así que mejor no divulgan esta parte del artículo… no vaya a ser que algún aprista se entere… entonces varias personas que conozco y admiro estarían en serios aprietos.
Gracias.